Hace muchísimo tiempo leí "El camino del artista" de Julia Cameron. Me encantó ese libro, pero lo había consumido en formato de audiolibro y, cuando quise comprarlo, terminé adquiriendo "Nunca es demasiado tarde para ser un artista". ¡Me llevé una sorpresa que, a cualquiera que conozca a Julia Cameron, le causaría risa! ¡Compré la versión para jubilados, jaja!
En esta versión, encontramos básicamente los mismos conceptos que en el primero, pero desde la perspectiva de alguien que se ha retirado. En su momento pensé: "lo leo igual", pero después lo abandoné.
Lo abandoné de forma cíclica y nunca apliqué lo que sugiere para ver si tenía algún efecto.
Sin embargo, vuelvo a estos libros de Julia Cameron porque me inspiran a escribir.
El problema es que nunca logro esa fluidez de palabras que aparece bajo la ducha cuando me siento a escribir.
Otro problema es que Julia insiste en que escriba en papel, y yo me niego rotundamente. Mis manos, muñecas, codos y espalda ya están adecuadamente adaptados para la escritura en computadora, pero no para la escritura a mano.
Estas serían mis "páginas matutinas", aunque las estoy escribiendo por la tarde. Todavía no almorcé. Tomé algo de sol, me bañé y ahora suena algo de punk celta de fondo.
Mientras me bañaba, pensé en varios textos interesantes que ahora no recuerdo. Pero les juro que eran buenos.
Pensaba que, si estaba escribiendo mis páginas matutinas y surgía algo real, lo contaría; pero si surgía algo ficticio, también lo haría.
Este blog ya tiene un aviso suficientemente extenso aclarando que no todo lo que se ve aquí puede ser real. Pero, ¿qué pasa si es más real de lo que esperaban? Me refiero a ese punto en el que lo que escribo podría ser tan real que las personas que me conocen al leerlo piensen que es ficción.
Quisiera recuperar mi creatividad, o mejor dicho, definirme como artista como esos "viejos" de Julia, aunque preferiría lograrlo a los treinta y pico, no a los sesenta y pico.
Sé que nunca es tarde para nada, pero también pienso, ¿por qué esperar?
Me preguntaba en la ducha:
¿Qué pasaría si me permito ser 100% auténtica? ¿No sería genial?
¿Quién es mi yo auténtico al 100%?
Reflexionaba sobre cómo en Instagram existe cierto culto a la personalidad, donde los más auténticos son alabados y seguidos por otros, incluso los llamamos "influencers", aceptando que tienen influencia sobre nosotros. Pero, ¿son realmente auténticos?
Creo que hay cierta extracción de lo que nos resulta más original y menos visto, y es eso lo que se publica, lo que puede hacerte parecer auténtico.
Ahora pienso en el branding, en los "proyectos sentidos" (soul biz).
Crear una marca personal implica dejar de lado muchas cosas para resaltar solo una, la que nos interesa enfocar para comercializar algo que tiene que ver, directa o indirectamente, con ese atributo.
Lo que me resulta un poco chocante (aún siendo alguien que se dedica al Marketing) es lo confuso que puede ser este mensaje, hasta el punto de que hay personas trabajando en su marca personal para atraer su pareja ideal, hacer amigos, etc. Es decir, están asumiendo que eligieron un enfoque y un valor sobre sí mismos para crear una marca personal cuyo objetivo es venderse a su audiencia ideal, en la que encontrarán a uno o varios clientes ideales...
¿Alguien sabía que esto existe?
No es que se venda así, pero es lo que puede deducir un humanoide como yo de algunas ofertas de coaching y desarrollo personal que veo.
Otra idea que me parece un poco perturbadora es la de "fake it until you make it", que llevado a ese plano, consiste en crear una marca personal ficticia (o sea, que no está basada en quien eres, ni siquiera en una parte pequeña que quieras destacar) que sea 100% lo que quieres ser - o en cierto punto, lo que quieres que los demás crean que eres - y empezar a vivir esa ficción lo máximo posible. En cierto punto, dejaría de ser una ficción y pasaría a ser tu realidad, porque la estás viviendo.
A veces, cuando visito algún lugar muy lindo, me tienta sacar una foto, publicarla en Instagram y mostrar ese pedazo de mi realidad para mi micro audiencia. Pero después pienso: ¿Y para qué? ¿Estoy recomendándoles el lugar para que también vayan? ¿Se los estoy mostrando para que me envidien, o para que me amen? ¿Estoy compartiendo mi realidad para que disfruten y sean felices conmigo? (Sí, ya sé, esa es la más inocente. Existe, existe. Pero, creo que es válida solo para las personas que siguen teniendo madre/padre y son seguidos por ellos en sus redes sociales).
Por otro lado, pienso que hay algo de la realidad que se te pierde si no publicas nunca nada.
Hay personas que a partir de esas fotos, videos, o textos, van a tener temas de conversación contigo. Yo misma me encuentro conversando con personas a partir de lo que publican y consumo. También me veo copiando, envidiando, anhelando, comparando (ese sería el lado negativo).
Entonces, no publicar nada podría parecerse a una forma de autoprotección. No quiero que opinen, no quiero que me copien, más que envidiarme, les estoy dando material para que me critiquen. Pero, por otro lado, no saben quién soy, no saben qué me gusta, no saben a quiénes quiero, o de qué se trata mi vida.
Volviendo al tema del libro. Quiero empezar a hacer las páginas matutinas. Como me niego a hacerlas en papel, voy a hacerlas en este blog, porque también me niego a hacerlas si nadie las va a leer jamás.
Más allá de volverme una artista, creo que necesito recuperar mi creatividad.
En otro tiempo, las citas con el artista también me han servido, aunque es algo que contaré en otro momento.
Más que pedir opinión, me interesan los puntos de vista, sobre todo los de mi "yo" bajo otros estados de ánimo.
Como nota final: es difícil tener treinta ya.
Se suponía que todo iba a estar más resuelto, pero no lo está. Enterarse de que hay toda una generación con la que compartís como un 80% del mismo kit de problemas es un bajón.
Por eso, en parte, quiero encontrar mi creatividad nuevamente. Porque me duele darme cuenta a mis treintas de que al final no era tan original como pensaba.
Creo que está terminando re tarde mi adolescencia.
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