Pienso en esta pregunta como disparadora y la siento como una bala que se parte en mil esquirlas, chiquititas, por toda mi consciencia.
Ayer habría sido el cumpleaños de mi mamá. Un día de mucho trabajo, en el que tuve menos tiempo para pensar en ella de lo que me hubiera gustado.
A veces me hago esta pregunta con la que inicié porque siento que nuestros padres quedan codificados en la memoria, o al menos, que tenemos una especie de “prompt” que evoca su presencia. No sé si soy la única a la que le pasa, pero si quiero imaginar qué diría mi madre, puedo hacerlo casi sin titubeos y obtener una respuesta instantánea.
La mayor parte del tiempo pienso que sí estaría orgullosa de mí. La otra parte, creo que también estaría preocupada. Solo porque siempre había algo de mí que la preocupara.
Extraño muchas cosas de su existencia en este plano. Su presencia. Su inocencia en ciertos aspectos. Su amor por las plantas. Sus luchas contra todo lo que está mal en el mundo.
Siento que me hubiera gustado tener más tiempo para enseñarle a amarse y a gustarse más.
Hubiera querido sacarla más a cenar afuera y haber viajado más.
Quisiera haber sido más paciente y empática.
Aprecio, hoy más que nunca, su inteligencia, su practicidad y su tenacidad.
No sé si estaría orgullosa de mí, quizá no todo el tiempo, pero yo me siento orgullosa de ella.
Nada quedó pendiente entre mi vieja y yo, pero me sobró bastante amor en el tintero.

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