Gato Negro (película argentina)




Mandinga abrime la puerta
le dije cuando llegué
no le tengo miedo a nada
cansado de padecer.
Mandinga abrime la puerta - Sánchez

Fui a ver Gato Negro a su última función en el Cine Gaumont. Durante 5 años pasé por la puerta del Gaumont sin saber qué era. Cuando supe qué era, fui dos veces a (intentar) ver una película y no tuve suerte, me encontré con funciones suspendidas. Hoy ocurrió lo mismo, pero no a mí, sino a quienes iban a ver Betibú (un policial argentino que vi el mes pasado). Sin duda, mi primera opinión tiene que ver con esto: tendrían que buscar una forma de avisar a la gente de forma anticipada cuándo se van a suspender funciones.

Respecto de la película, la dirección y el guion de Gato Negro figuran a nombre de Gastón Gallo (¡un saludo! -por si se busca a sí mismo en Google-).

Tengo que admitir que no leí una sinopsis antes de ir, fui simplemente a ver la película porque amo los gatos negros, de hecho tengo una gata negra. Además, ya había visto Betibú e hice una relación intertextual extraña al pensar "bueno, si me gustó un policial argentino, me puede gustar otro". En realidad, no tan extraña, esperaba algún tipo de relación con "El gato negro" de Edgar Allan Poe pero tengo que admitir que no me molestó no encontrarla.

No se hicieron sentir las 2 horas que dura la película. En general, criticaría la elección de un tópico tan común del cine yanqui como el del "hombre ambicioso que termina corrupto por su codicia" porque simplemente me parece un prejuicio demasiado explotado, pero sinceramente, la perdoné por otras elecciones que me parecieron sumamente destacables. 

Por un lado, el anclaje de las décadas en que se va seccionando la vida del personaje principal con algunos ítems icónicos de la historia argentina me resultó enriquecedor. Quizás demasiado icónico, pero sin duda, aportó el "detallito": la ropa, los autos, la política, los acentos, todo estuvo bien realizado. Por otro, la forma destacada en que se entromete una leyenda popular no tan conocida para los porteños —a menos que hayan estudiado literatura o se interesen por las leyendas populares— le aporta un valor adicional.

En el viaje de vuelta, pensaba con mi pareja en un posible diálogo entre Gato Negro y Scarface. Sin duda, el argentino del interior en Buenos Aires no tiene demasiado que ver con el cubano exiliado en Estados Unidos, pero en ambos hay un "viajar hacia la metrópolis". El personaje principal comienza desde abajo, superando distintos baches que la vida no escatima en presentarle, escala (el de Luciano Cáceres, para mí, mucho más —asquerosamente— conservador que el de Al Pacino), escala... Y ¡plin! ¿Por qué no traficar? En este momento, Al Pacino supera con creces al traficante de cualquier cosa Made in China que le tocó a Cáceres (¿los lentes de contacto marrones habrán sido Made in China también? ¿O estamos demasiado acostumbrados a los ojos celeste ciego —sí, ciego, no cielo— de Cáceres?).

Nota al pie: 

Aunque hace tiempo que no se agrega nada a esa web, existe este proyecto muy interesante del equipo NAyA (Noticias de Antropología y Arqueología) que sube a internet leyendas populares: cuco.com.ar ¿Por qué les hablo de esto? Porque la leyenda de la Salamanca norteña no es la misma que la de la Salamanca europea (aunque tampoco es la misma que la de la Salamanca de Gato Negro). También son recomendables www.folkloredelnorte.com.ar y mi descubrimiento de la noche: www.leyendas-urbanas.com, una web muy cuidada, me asombró porque en general estas webs parecen más un proyecto escolar-universitario que una web en serio.

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