Crear, re-crear, descubrir el género para rasgarlo


Crear es traer algo al mundo que aún no existía. Pero, ¿qué realmente no existía? ¿O no existía nuestra expresión acerca de ello?

En nuestra intención de procurar ser únicos y originales, creo que matamos la existencia de los movimientos. Pensaba en esto cuando repasaba a los artistas que me gustan. En general, todos ellos pertenecen a un género, estilo o movimiento. De alguna manera, pertenecer les daba un marco, unos límites a su expresión, pero también les proporcionaba temas y un segmento al que era plausible que le gustara lo que estaban haciendo.

En cierta forma, pertenecer a un movimiento artístico era como ser de nicho. Es como si la pertenencia a un género o estilo fuese un terreno fértil donde la creatividad puede florecer. A veces, pienso que cuesta mucho más crear cuando no tenés ese sentido de pertenencia (o aún no descubriste cómo se llama). Es como querer ser parte de un círculo inexistente, lo que puede generar una especie de vacío creativo y existencial.

Por ejemplo, pienso en el metal. Un género que nació en sí mismo como un acto de rebeldía, donde cada banda encontraba su lugar dentro del movimiento, aportando su visión única. Dave Mustaine, después de haber sido expulsado de Metallica, decidió llevar el género a un extremo más agresivo con Megadeth. En lugar de buscar algo completamente diferente, Mustaine tomó la base del thrash metal que compartía con Metallica y lo empujó hacia otros límites, sumergiéndose en la velocidad, la técnica y en una actitud más desafiante. Su pertenencia al thrash no limitó su creatividad, se expandió dentro de esos límites, salió a jugar en otras cajas, y volvió con lo que le sirvió de esos otros géneros. 

Entiendo además que revolucionar la propia “cajita” en la que se metían les generaba una gran pulsión por crear. Cada obra, cada producto, debía intentar expandir al máximo los límites de esa caja. En el mundo de la pintura, esto se vio claro en movimientos como el impresionismo: artistas como Monet y Renoir rompieron con las reglas tradicionales de la pintura para capturar la luz y el color de una manera más espontánea, pero seguían trabajando dentro del movimiento impresionista. En la literatura los surrealistas hicieron lo suyo en este sentido. Y es que esa rebeldía pareciera sernos intrínseca. Así también, ni bien descubrimos quién somos, queremos cambiarnos, empujar nuestros propios límites, redefinirnos.

De algún modo, ser parte de un movimiento es como hacer un cover. Es tocar una canción que ya existe, pero con tu propio arreglo, tu propio tempo, tu propia energía. Crear sobre una base, con el respaldo de un legado detrás tuyo, y esa pertenencia quizás sea una chispa que te permite ir más allá.


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