Hoy voy a comenzar con una conclusión: la hoja en blanco es problemática solo para quien no se anima a ser lo suficientemente mediocre como para crear algo sin sentido.
En mi lectura de hoy, tomada de Diario estoico de Ryan Holiday (que, por cierto, estoy leyendo en portugués y me cuesta horrores leer una sola entrada por día), el texto hablaba de cómo las ansias son enemigas de nuestra felicidad.
Pensé de manera automática en la corriente que promulga la manifestación y el mindfulness, que propone algo casi opuesto. Incluso, algunos de sus seguidores lo describen como “ser delulu” (de delusional, es decir, un poco loco). Al llegar a actuar como si aquello que deseás ya hubiera ocurrido; enfocás tu realidad en ese objetivo, convenciéndote de que se cumplirá. Funcione o no —ya sea una profecía autocumplida o un fracaso total— pareciera depender de la persona que lo practica.
Lo interesante es la diferencia crucial respecto a los estoicos: ellos te invitan a ser feliz hoy, a entender que el deseo de lo que no tenés es justamente lo que te impide ser feliz en el presente. Les doy la razón en que, quizá, lo más eficiente sea buscar la felicidad en el ahora, con lo que efectivamente podés hacer o tenés a mano. Pero, ¿está felicidad en la sala? Es difícil considerar que se tiene o vive algo que pocos hemos dado en definir de una manera que nos conforme.
Por otra parte, lo que resulta difícil es mantener esa felicidad en el hoy cuando, para alcanzar lo que deseás, hay esfuerzos que precisan ser realizados. Esa tensión entre encontrar la felicidad en el ahora y la necesidad de realizar acciones para avanzar hacia nuevos ahora más felices, puede ser paralizante. Tanto la propuesta de los estoicos como la de los manifestadores, me parecen un gran desafío: sumergirse en el abismo de la incertidumbre con total alegría y confianza.

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