¿Ser escritor es un hábito?



¿Sos o te hacés? Prácticamente, mi fin de semana giró en torno a las dudas acerca de mis ganas de ser creativa y cuál es el papel del arte en mi vida, en especial de la escritura.

Durante mucho tiempo, me engañé diciéndome que ya escribía un montón en mi trabajo y que, de ese modo, ejercitaba mi creatividad. Puede que sea cierto en parte: al trabajar en marketing, existe un proceso creativo en el cual, como profesional, sos un poco la “mielina” que protege y ayuda a conectar los deseos del consumidor con los de la empresa y tus propios deseos de hacer algo lindo, memorable y exitoso.

Para mí, ese tipo de creatividad no es la que busco y no me conforma. Me pregunté entonces: “¿Hay algo más? Si no, ¿por qué querría más?” No sé si se pusieron a pensarlo, pero en general, los deseos de tener o de ser algo provienen de un potencial que ya existe. Así que, si quiero ser más creativa, eso tiene que ver con que mi cerebro considera que existe potencial para serlo. Existe espacio por recorrer.

La creatividad es un tema que va y viene en mi vida. La escritura también. Son de esos asuntos que siempre reaparecen en las charlas profundas. Ante todo, surge la pregunta: “¿Quién te frena? ¿Quién te impide dedicarte a eso?” Y las vueltas terminan siempre igual: no soy escritora porque no escribo nunca. Pero, pero, pero… Si a juzgar por lo que dejaron escrito al morir, algunos escritores no escribían mucho más de lo que yo he escrito.

“Ah, pero publicaron…”
“Pero, pero, pero… publicar no necesariamente te hace escritor; hay gente que publica cosas que escribieron otros.”

Este tipo de disquisiciones pueden alargarse durante horas, llegar hasta la "idea del Bien" platónica, volver, danzar un rato con el nihilismo de ver a la sociedad enferma que no valora el arte, y zambullirse de nuevo en la realidad: el presente, donde si escribo, soy escritora. ¿Y si soy escritora, qué? ¿Qué poderes nuevos se le habilitan al Pokémon escritor?

Últimamente estoy trabajando en mis hábitos, releyendo libros como Hábitos atómicos, de James Clear, y Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, de Stephen Covey. Me propuse forjar un hábito de escritura, motivada por la historia que cuenta Clear sobre un grupo de estudiantes de fotografía. No la recuerdo exactamente, pero decía que había dividido a los estudiantes en un grupo “cuantitativo” y otro “cualitativo”: unos debían tomar muchas fotos y los otros, la “mejor” foto. Al final, las mejores fotos resultaron ser las del grupo cuantitativo, imagino que porque practicaron más, gracias a la mejora continua y la autoevaluación.

Entonces, por ahora no sé en qué terminará todo esto. Solo sé que me propuse escribir con mayor regularidad. No sé si mejoraré, ni siquiera sé si es eso lo que busco, pero sé que para creerme un “yo escritor” el primer paso es, justamente, escribir hasta que me encuentre con el ser que lo hace y le pregunte si le parece bien lo que está haciendo de su vida.

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